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5 lecciones inesperadas que aprendes al tener mascotas

5 lecciones inesperadas que aprendes al tener mascotas

Cuando recibes a un nuevo bebé peludo en tu familia te enfrentas a un maravilloso y desconocido ser que llenará tus días de nuevas aventuras, trayéndote lecciones que te acompañarán a lo largo de toda la vida.

¿Recuerdas a tu primera mascota? ¿Guardas en tu memoria algún momento especial en compañía de tu peludo? ¿Hay algo que te haya enseñado?

Tener una mascota es sin duda una experiencia única, sea que hayas crecido en su compañía o sea la primera vez adoptas. Recuerda que su historia de vida, comportamientos, hábitos, personalidad y gustos te llevarán a distintos escenarios y aprendizajes inesperados.

Cada bebé peludo que te acompaña marca un antes y un después en tu vida, y cada día te enseñan lecciones valiosísimas que no debes dejar pasar. Por eso hoy te traigo una lista de las cinco principales lecciones que aprendí al tener mascotas durante mi vida:

1. ¡No es necesario estresarse tanto!

Muchas veces, antes de ir a trabajar, miramos a nuestra mascota durmiendo relajadamente sobre su camita o lista para afrontar el día con una sonrisa de oreja a oreja, mientras nosotros nos imaginamos cómo sería nuestra vida si pudiésemos estar así de des-estresados por un día… ¿Te ha pasado?

Si la respuesta es sí, te invito a que mires más de cerca a tu mascota, ya que su sola presencia en tu vida ya está contribuyendo a que tus niveles de estrés bajen significativamente: 

Estudios demuestran que bastan unos minutos acariciando a nuestra mascota para que disminuya la segregación de cortisol, hormona encargada de elevar el nivel de estrés; además, el hecho de tener a alguien a quien cuidar y que requiere de nosotros, nos hace enfocarnos en ese alguien con atención y conciencia plena, restando espacio mental a los pensamientos del quehacer que día a día nos estresan y poco aportan.

Recuerda que tus mascotas viven el día a día, disfrutan del momento presente y agradecen cada pequeña cosa que llegue a ellos. El estrés puede ser útil, cuando estamos en el momento y lugar en que debemos resolver algo que requiere nuestro 110%, pero fuera de ello el estrés no aporta en nada. Esa es la hermosa filosofía que nos tratan de enseñar día a día.

¡Un consejo! Si te sientes muy estresado te reto a que pases tres minutos acariciando a tu mascota enfocando tu mente solo en las sensaciones táctiles que puedas recibir. Te prometo que tu estrés bajará significativamente.

2. Somos espejo unos de otros

Y con esto no me refiero a que las mascotas se parecen a sus dueños… aunque un poco si, jeje. Comencemos por lo básico: ¿Has escuchado sobre las neuronas espejo?

Las neuronas espejo son esas que se activan cuando nos ponemos a reír al ver a alguien riendo, o a bostezar cuando alguien bosteza. Más profundamente, son aquellas que nos permiten empatizar con los estados emocionales de otros, y tener compasión por quien tenemos frente a nosotros pese a que no necesariamente tengamos un lazo profundo.

Aunque no lo creas, las neuronas espejo no son exclusivas a la especie humana. Veamos algunos ejemplos: ¿Te ha pasado que tu gato se acuesta justo sobre tu vientre cuando te duele? ¿O que tu perro hace aullidos de tristeza al verte llorar? Algunos investigadores se han fijado en este fenómeno, analizando datos que parecen indicar que nuestras mascotas también poseen mecanismos similares a las neuronas espejo, y por tanto, serían capaces de empatizar y saber, instintivamente, cuándo alguien necesita contención y afecto… ¡Y eso es sorprendente!

Por eso, nuestras mascotas nos enseñan que no estamos solos, y sin importar lo que estés pasando, ellos serán el reflejo que necesitas para darte cuenta de ello, atravesarlo en compañía y volver a ponerte de pie.

3. Todos necesitamos nuestros tiempos

Tener una mascota, especialmente desde que somos pequeños, nos enseña a que todo tiene un momento. Esto nos ayuda a regular nuestro propio comportamiento en función de lo que nuestra mascota necesita, y no de lo que nosotros queremos en ese instante.

Siempre un paso adelante, los fondos de NIH/Mars estudian los efectos de las interacciones entre humanos y animales para la mascota y la persona, destacando como clave el que aprendamos desde pequeños a reconocer signos de estrés en las mascotas para evitar que se sientan acorraladas y, por tanto, se defiendan. ¿Tiene sentido, cierto? Si un límite no se respeta viene el arañazo o la mordida.

A mí, como psicóloga, me gusta hilar todavía más fino y llevar esto a nuestra propia conducta. ¿Cuántas veces has dejado a alguien pasar por sobre tus límites? ¿Cuántas veces has recibido una “mordida” o “arañazo” humano por traspasar el espacio de otro con palabras o acciones?

Las mascotas nos enseñan a reconocer que todos tenemos límites y cosas para las que necesitamos nuestro propio espacio, y eso está bien. Por eso, no tengas miedo de "poner los puntos sobre las íes" cuando se necesite, y siempre actúa con respeto y validación hacia los límites de otros (si no quieres salir trasquilado, jeje).

4. ¡La reciprocidad si existe!

Visto de desde el lente materialista, podríamos decir que tú eres el único que aporta algo en la relación con tu mascota: la llevas al veterinario, le compras su comida, te preocupas de su higiene, de su actividad física y hasta le compras uno que otro juguetito. ¿Y qué recibes a cambio? Desde este punto de vista… ¡Nada! ¿Por qué? Porque tu mascota evidentemente no puede devolverte la mano (o pata) de la misma forma.

¿Dónde está la reciprocidad entonces? La reciprocidad existe, y solo hace falta cambiar el lente desde donde estamos observando. Por ejemplo, visto desde el lente del cariño, te darás cuenta que tu mascota te retribuye en cosas que tal vez pasan desapercibidas al lente materialista:

¿Te despierta cada día con una lamida o sonrisa? ¿Te mueve la cola o se frota contigo cuando vuelves del trabajo? ¿Te mira con amor aunque no te hayas “arreglado” para salir? ¿Te acompaña en momentos buenos y malos?… ¡Pues ahí está la reciprocidad!

¡Nueva lección de vida! Si sientes que no existe reciprocidad en tus relaciones, tal vez valga la pena hacer el mismo ejercicio: cambiar levemente el lente desde donde estás mirando.

Por último, y como ya lo mencionaba en una anterior entrada, un estudio realizado por Odendaal y Meintjes observó que las concentraciones de B-endorfina, oxitocina, prolactina y dopamina (hormonas que regulan los comportamientos sociales, sentimentales y la conducta parental) aumentaron tanto en seres humanos como en perros después de una interacción de unos minutos acariciándose.

Eso quiere decir que la reciprocidad entre humano y mascota no solo es conductual, sino también fisiológica… ¡Y me encanta todo lo que puede ser medido! ¿Por qué? porque me da fundamentos para ser petlover donde quiera y como quiera, jeje.

5. El amor verdadero es incondicional

Finalmente, y creo que es la lección más valiosa, los animales transmiten su amor hacia nosotros de forma totalmente incondicional.

Esta es una lección que solemos aprender en esos momentos difíciles de la vida, cuando sentimos que hemos tocado fondo en algún sentido y simplemente nos sentimos como “la hormiga más deforme del hormiguero”, jeje… ¿Te ha pasado? Porque a mí sí.

Incluso, muchas veces, este “tocar fondo” tiene repercusiones no solo sobre nosotros, sino también sobre nuestras mascotas, como cuando falta dinero para la comida, o cuando tenemos que pasar muchas horas trabajando, o cuando simplemente el ánimo no nos da para el paseo.

A pesar de eso, te puedo asegurar que en ninguno de esos escenarios tu mascota ha dejado de amarte, y de demostrarte su afecto incluso en el peor momento: eso se llama amor incondicional, ese que no está basado en méritos, condiciones o factores externos; y a eso debemos aspirar siempre.

¿Sabías que tener una mascota podía enseñarte tantas cosas? ¿Existen más lecciones que se me hayan quedado afuera? ¿o soy la única que se pone a filosofar con sus mascotas? jeje 

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